NE ONO

QUADAINOS

SOhtiz lletelier

DE EDUCACIÓN

Grupo de Reflexión Fernando

Como grupo de académicos de izquierda mantenemos desde hace un tiempo una re- flexión acerca de la educación superior en Chile. En conocimiento de que otros cole- gas han estado preocupados por una prob- lemáticasimilar, yhanelaboradotrabajosalre- specto, les invitamos, por medio de esta hoja a debatir en conjunto. Esperamos que este seaelembrión de una futura discusión queno

dudamos será enriquecida gracias al debate.

Por supuesto que para que este debate rinda frutos, debe incluir a todos quienes

estamos por un nuevo sistema universi-

tario, razón por la cual desde ya invitamos a contribuir en números posteriores a qui-

enes entiendan la Universidad de manera no funcional al actual modelo económico.

Esperamos que esta publicación sea un aporte para quienes vivimos con entusi- asmo y espíritu crítico el quehacer uni- versitario, y ojalá también ella contribuya a instalar en el ambiente académico una discusión que permita resolver profundas

contradicciones que todavía se arrastran desde la dictadura, como son los problemas globales de la educación en nuestro país.

Publicación Trimestral Gratuita ISSN 0719-0271

El ministro de (la mala) educación

El ministro de educación nueva- mente nos impacta con declara- ciones. Esta vez, relevando que los problemas de infraestructura de la

de personeros públicos que tras un gazapo plantean que sus palabras fueron sacadas de contexto. No es el caso, las palabras del ministro

educación pública deben ser resuel- tos con “bingos”.

nmediatamente después de la declaración - en acto público y leí- da- nos señala que tras sus dichos hay una forma y un fondo.

Tras cartón nos señala

que siempre las pa-

abras pueden ser malinterpretadas.

Resulta sorprendente

que el Sr. Varela no se

haga cargo de que, en

nuestro idioma, el castellano,

os vocablos (dichos o leídos) tienen un significado concreto, específico, y dicho significado está regido, en el caso de nuestro idioma, por la Real Academia de la Lengua Española. Queremos desvirtuar la típica salida

fueron leídas en acto oficial.

El vocablo Bingo, en su quinta acep- ción por la RAE, indica que se ha acertado o solucionado algo.

Con lo anterior queremos man-

ifestar que, en este caso,

no hay diferencia entre la “forma y el fondo”.

El actual ministro de ed- ucación está convencido de que los problemas de infraestructura de nuestra educación pública se solucionan con “bingos”. Sería interesante con- ocer si el actual gobierno piensa lo mismo, al parecer la distinción entre forma y fondo es una discusión no acabada al interior del gobierno.

2 Cuadernos de Educación

Discutamos sobre “sociedad docente”, abiertamente, trans- parentemente y en el Congreso, pero sin cuñas ignorantes.

o es la primera vez que Varela intenta minimizar los prob- emas, ya habló de pequeñas humillaciones en relación con las demandas del movimiento feminista, y para ello no trepidó en utilizar a sus propios hijos (los campeones) como ejemplo.

Esta vez, se ha superado en el desconocimiento de un problema real.

A cuatro meses de asumido en su cargo, el debiera saber que, del presupuesto de su ministerio, el de la billetera más gorda del estado, los fondos para infraestructura no alca- nzan el 1% de la subvención regular base. (M. Ríos, presi- dente de la Comisión de Educación de Municipalidades)

Debiera saber que las escuelas del sistema público de edu- cación (básica y media) tienen que cumplir con 1800 obliga- ciones en las áreas de gestión escolar, gestión de recursos e infraestructura, entre otros. (Informe de Educación 2020)

Debiera saber que el último catastro (efectuado por el INEDUC) sobre infraestructura de los establecimientos

públicos se realizó en el año 2014, que dicho catastro arrojó os siguientes índices:

Un 20% de dichos establecimientos presentaba serios problemas de infraestructura.

Un total de 1163 establecimientos tenía sistemas precarios de agua potable, que 71 colegios no contaban con baños

Pero, Varela - en cuatro meses- no sólo no ha asimilado esta realidad, no ha leído los informes del sector, sino que tampoco ha ordenado realizar un catastro de la situación de infraestructura educacional cuando asume la gestión del ministerio. No hay otra manera de entender su solución vía “bingos”. Este gobierno, intenta consolidar el concepto de “sociedad docente”, pero este ministro la imagina y la op- eracionaliza con ¡bingos!

Es más, a este ministro le molesta viajar a regiones, se re- fiere a los recursos del Estado como si fuesen suyos, en suma, Varela no quiere trabajar.

Al ministro de Educación le quedan pocas opciones:

Reconocer que su error es de forma y de fondo, que los problemas existentes no se resuelven con bingos, salvo que siga considerando que el sistema público de educación es el mismo de sus “campeones”, los cuales logran con bingos hacer un viaje de estudios a Dubái en vez de a Cartagena de Indias.

Que Sebastián Piñera reconozca que tiene un ministro flojo y que además ni siquiera se ha enterado que la socie- dad chilena resolvió desmunicipalizar la educación pública y que ahora la responsabilidad integral será del ministerio con más fondos.

Que el Congreso acuse constitucionalmente a este min-

istro por notable abandono de sus deberes.

Al cierre de esta edición, hemos conocido de un oficio fis- calizador de la Defensoría de la Niñez, en que interpela a

de hecho, usaban letrinas) y que 130 colegios debían ser reconstruidos en su totalidad.

Este ministro debiera saber que, en lo que va del 2018, la Superintendencia de Educación ha recibido 251 denuncias por déficit de infraestructura, lo que significa un alza del 41,8% respecto del mismo período del año anterior.

este ministro a responder en un plazo no superior a diez días, sobre las denuncias recibidas en su período como min- istro y las respuestas a las denuncias del MINEDUC.

de forma cor-

Esperamos que esta vez emplee el lenguaje recta y con honestidad intelectual.

Cuadernos de Educación

Grupo de Reflexión Fernando Ortiz Letelier

www.cuadernosdeeducacion.wordpress.com

Publicación Trimestral Gratuita - ISSN 0719-0271

La función de la educación sexista en la reproducción del modelo económico

Carla Aguayo Huerta

Con la llamada “ola feminista” en universidades y educa- ción secundaria a lo largo del país durante este primer semestre, se ha instalado en la discusión pública y políti- ca temas tales como la violencia de género, acoso y abu- so sexual e igualdad de género, a través de demandas que se resumen en la exigencia de una educación no sexista y en protocolos donde las instituciones deben definir cómo abordar y prevenir el acoso, abuso y actos discriminato- rios en contra de las mujeres. Difícilmente es posible man- tenerse al margen de esta discusión, y el sentido común podría hacernos pensar, que no estar a favor de estas de- mandas es un acto antidemocrático ¿quién podría negar la violencia hacia las mujeres, la desigualdad con las que pueden ejercer sus derechos básicos como salud, educa- ción, trabajo, los estereotipos que cotidianamente se re- producen y cosifican el cuerpo femenino reduciéndolo principalmente a un rol maternal y reproductivo? ¿quién podría negar que el sistema de educación en sus distintos niveles produce y reproduce desigualdad de género? Estu- dios, cifras y ejemplos abundan (basta con revisar los Infor- mes Sombra de la CEDAW)* por lo que no reconocer esta realidad es ante todo una decisión política e ideológica.

Lamentablemente, llegar a consensos sobre cómo poner fin a esta realidad es más complejo de lo que parece. Por- que el fin de la educación no sexista es que la educación tiene que estar al servicio de una sociedad en la que se fomente un trato igualitario y libre de violencia entre hom- bres y mujeres. ¿cómo entonces, se puede exigir igualdad de género cuando el sistema educativo mercantil carece de una estructura de base que asegure un acceso iguali- tario entre hombres y mujeres de distintas clases sociales o cuando el sistema educativo violenta al excluir a aque- llos que no pueden pagar por su educación, indistinta- mente del género? Y es aquí donde entramos a una dis- cusión clave entre las distintas corrientes del feminismo ¿es posible lograr una igualdad de género si es que se mantiene un sistema económico que genera desigualdad?

Si profundizamos aún más, actualmente la educación, tanto en su administración como en su diseño curricu- lar, facilita la reproducción de un sistema de clase donde los sectores privilegiados pueden acceder a educación de calidad y seguir manteniendo su estatus social, mien- tras los sectores más vulnerables reproducen su pobreza, y un sistema sexista que asigna roles a hombres y muje- res funcionales a un sistema de clase ¿qué relación exis- te entre el sistema económico capitalista y el sexismo?

Silvia Federici, militante feminista y escritora, concluye en su investigación “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva” que el capitalismo en tanto siste- ma económico-social está necesariamente vinculado con dos sistemas de dominación: el racismo y el sexismo. Por tanto, en la sociedad capitalista, el cuerpo es para las mu- jeres un lugar de explotación y de resistencia “en la misma medida en que el Estado y los hombres se han apropiado del cuerpo femenino, forzado a funcionar como un medio para la reproducción y la acumulación del trabajo”. Vale decir, el sistema capitalista a través de sus instituciones, la educación como tema convocante, reproduce roles en donde la mujer cumple una función meramente reproduc- tiva de la fuerza de trabajo (los trabajadores), naturalizan- do la familia nuclear en desmedro de la familia extendida que colectivizaba su producción, en donde existe una de- pendencia económica hacia el hombre o donde el traba- jo femenino es considerado un “aporte” a la economía del hogar pudiéndose justificar un menor salario, y por tanto, al tener las mujeres la responsabilidad de llevar la crianza y el cuidado de los niños, el sistema capitalista se asegu- ra una mano de obra, y en consecuencia, acumulación del trabajo. En este sentido, la subvaloración de las mujeres y la instrumentalización de su cuerpo- que pasa a entender- se como un bien público- fue extremadamente necesario para que se produjese la transición de una sociedad feu- dal agraria a una sociedad capitalista industrial. En otras palabras, el capitalismo se funda en la división sexual de trabajo y en estereotipos que relegan a las mujeres a una condición inferior y relacionada con el mundo doméstico.

Por tanto, la normalización de las prácticas sexistas en el aula y los espacios educativos, y el acoso y abuso al que están expuestas las estudiantes, tanto por sus pa- res como por el cuerpo docente, es expresión de un en- tramado cultural que sostiene las relaciones económicas a nivel mundial. Prácticas sexistas que son avaladas por parte del Estado y los sectores más conservadores de la sociedad chilena, que se oponen sistemáticamente a una educación sexual que se centre en la afectividad y el de- recho al placer o lisa y llanamente a seguir avanzando en una legislación que asegure un ejercicio pleno de los de- rechos sexuales y reproductivos. Ejemplo clave de esto, es el ataque a tres mujeres en la marcha de este 25 de julio en Santiago de Chile por un aborto libre y seguro, las cua- les fueron agredidas por grupos fascistas que se oponían a dichas demandas a vista y paciencia de Carabineros?.

EXISTIRÁ A EL SEXISMO EN LA E MANTE Ts

Aquí vemos, cómo demandas que se concentraban en un espacio de la sociedad, como son las escuelas y las uni- versidades, y que levantadas por un grupo determinado - mujeres estudiantes- se amplían a otras esferas y puedan convocar a 50 mil personas a nivel nacional, recogiendo de- mandas históricas del feminismo en Chile y de gran parte de Latinoamérica: el derecho a decidir sobre el propio cuerpo.

Este fenómeno, se da por dos motivos concatenados: uno, porque la base ideológica detrás del sexismo es el patriar- cado, entendida como el orden social donde el poder recae en el padre de familia, y donde las mujeres se encuentran es una situación de subordinación hacia la figura masculina, y, por tanto, acabar con el sexismo implica la construcción de un orden social que carezca de un sistema de dominación por género. Este sistema de dominación patriarcal, cons- truido históricamente a lo largo de los siglos (que en ter- minología marxista podríamos ubicar en la supraestructura) es sostenido, y a su vez sostiene, las condiciones materia- les donde se produce la explotación. Así, los principales aliados durante el siglo XIX del capitalismo que permitió su expansión a través de la colonización de los territorios

africanos y asiáticos, fue el sexismo y el racismo. Necesaria- mente había que erradicar otras formas de relaciones entre hombres y mujeres e instalar la división sexual del trabajo.

Por ende, acabar con la desigualdad de género va más allá de exigir una educación no sexista, (aunque sea un gran paso problematizar una situación normalizada), es cons- truir una nueva sociedad no capitalista y no patriarcal.

En segundo lugar, el generar un cambio en el sistema pa- triarcal y/o avanzar hacia relaciones más igualitarias en- tre hombres y mujeres, necesariamente debiera significar un avance tanto en el derecho a decidir de las mujeres, como en el derecho de las mujeres a decidir sobre el pro- pio cuerpo. Sin embargo, en la medida en que esto no se ligue a un cambio de las relaciones económico-laborales, y a la construcción de un nuevo modelo económico o in- fraestructura que sostenga un orden social y cultural dife- rente, nos seguiremos enfrentando a grupos minoritarios con el derecho a agredir a las mujeres (y/u otros grupos no dominantes como los mapuches o LGBT+) que se nie- gan a cumplir con dictámenes que esta sociedad impone.

Volviendo a la pregunta ¿es posible lograr una igual- dad de género si es que se mantiene un siste- ma económico que genera desigualdad? Tomare- mos nuevamente las palabras de Silvia Federici:

“resulta, por lo tanto, imposible asociar el capitalismo con cualquier forma de liberación [...] Si el capitalismo ha sido capaz de reproducirse, ello se debe al entramado de des- igualdades que ha construido sobre el cuerpo del proleta- riado mundial y de su capacidad de globalizar la explota- ción. La diferencia radica en que hoy en día la resistencia al capitalismo también ha alcanzado una escala global”.

1 Desde la ratificación de la Convención sobre la Elimina- ción de Todas las Formas de Discriminación contra la Mu- jer (o en sus siglas en inglés, CEDAW) en 1979 por parte de los Estados, estos deben elaborar un Informe cada 4 años en el que dan cuentas de las medidas que se adop- tan para cumplir Convención. Paralelo a ello, se presen- tan los Informes Sombra que corresponden al monito- reo y evaluación que realizan distintas ONG's del país a fin de complementar lo expuesto por el Estado así como mostrar las debilidades e incumplimiento de las políti- cas públicas en relación a los derechos hacia las mujeres.

2 Según relato de Valentina Fieguera, estudiante de derecho y feminista agredida.

José Carlos Mariátegui: intelectual orgánico de nuestra América

Gonzalo Ossandón Véliz

José Carlos fue parido en tierra incaica (hace 124 años) un 14 de junio de 1894 en Moquegua. Como es habitual en algunas familias de este continente, él murió sin sa- ber con exactitud la fecha de su nacimiento.

Mestizo de cuna. Fue criado junto a sus hermanos por su madre, Amalia La Chira, indígena descendiente de Cacique. Su padre Javier Francisco, proveniente de una familia criolla vasca, tan sólo le dejó el apellido pompo- so, ya que éste ni siquiera se molestó en reconocerlo le- galmente. Es por ello que pese a estar casada la señora Amalia, por muchísimo tiempo gustaba de presentarse mejor como viuda.

De formación autodidacto, su adolescencia la vivió labu- rando y escalonando por distintos oficios del periodis- mo, acompañado siempre de su inseparable cojera de la pierna izquierda heredada desde los 9 años.

En ese ambiente, se va acercando a personajes de la época como el poeta Abraham Valdelomar quien inte- graba el conocido grupo Colónida y a Manuel González Prada.*

Cuando el mundo entero se estremeció con el triunfo de la Revolución Rusa, Mariátegui ya había leído a Marx y andaba curioseando en una verdadera ensalada de lec- turas gracias a su amigo Víctor Maúrtua quien lo motivó a leer a Hegel y a Bergson, entre otros.

“Desde 1918, nauseado de política criolla, -como diaris-

ta, y durante algún tiempo redactor político y parlamen- tario conocí por dentro los partidos y vi en zapatillas a los estadistas- me orienté resueltamente al socialismo, rompiendo con mis primeros tanteos de literato inficio- nado de decadentismos bizantinismo finiseculares, en

pleno apogeo todavía.”

Es así como en 1918, el 22 de junio. Aparece la revis- ta Nuestra Época, la cual funda junto a César Falcón y que estaba dirigida principalmente al emergente movi- miento obrero de Lima y del Callao. Su breve existencia (hasta tan solo su segundo número) se debió a conflic- tos generados con el diario El Tiempo -en donde ellos trabajaban y además imprimían la revista- por motivo de la publicación de un artículo anti-armamentista de Mariátegui titulado “El deber del ejército y el deber del Estado”, el cual desató las iras de los oficiales de la guar- nición de Lima, los que se manifestaron violentamente en la instalaciones de la imprenta El Tiempo y le propi- naron una desvergonzada y desproporcionada golpiza a su cojo autor.

Dicho episodio, desprovisto de todo recato y sigilo, se convirtió en todo un escándalo, tanto así que tuvo que renunciar el Ministro de Guerra de turno de la época, un tal no cuantito, militar cobarde que no vale la pena ni nombrar.

Pese a ello no claudicó y durante el mes de mayo de 1919 junto a César Falcón y Humberto Aguila -entre otros- funda el diario La Razón. Trinchera desde la cual

critica al gobierno de Leguía -oncenio de gobernanza engañosa en la que en su comienzo a algunos progres encandiló- desde sus inicios por ser un representante más de la oligarquía civilista. Impulsó y patrocinó desde ahí también la campaña por la Reforma Universitaria y apoyó acérrimamente al movimiento obrero.

Como consecuencia de su reiterada insolencia frente a la autoridad, el 8 agosto de 1919, La Razón deja de ser impreso a causa de las presiones del gobierno gatopar- dista y el arzobispo de Lima, forzando a sus fundadores a aceptar un exilio camuflado bajo la forma de una beca forzada. Las críticas de Mariátegui iban incomodando cada vez más a Leguía, quién ante sus oponentes adoptó el hábito de relegarlos o bien exilarlos. Es así como Cé- sar Falcón es designado a España y Mariátegui a Francia, quién una vez ahí porfiadamente decidió instalarse en Italia:

“De fines de 1919 a mediados de 1923 viajé por Euro- pa. Residí más de dos años en Italia, donde desposé una mujer y algunas ideas. Anduve por Francia, Alemania, Austria y otros países. Mi mujer y un hijo me impidieron llegar a Rusia. Desde Europa me concerté con algunos peruanos para la acción socialista. Mis artículos de esa época, señalan las estaciones de mi orientación socia- lista. A mi vuelta al Perú, en 1923, en reportajes, confe- rencias en la federación de Estudiantes y la Universidad Popular, artículos, expliqué la situación europea e inicié mi trabajo de investigación de la realidad nacional, con- forme al método marxista.”

Método dialéctico del materialismo histórico. Concep- ción materialista de la historia que virtuosa y creativa- mente aplica en la realidad concreta de su Perú y de Nuestra América, permitiéndole así develar las relacio- nes sociales de producción que provocan las principales problemáticas que padecemos los y las explotados/as, oprimidas/os y dominadas/os en este continente.

En 1928, publica sus Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. En donde a pesar ya de tener la fama de herético, sorprende organizando el relato de sus

ensayos ortodoxamente aplicando el “Edificio del Cuer- po Social” propuesto por Marx en el célebre prólogo a la Contribución de la Crítica a la Economía Política.

Es así como los primeros tres ensayos: “Esquema de la evolución económica”, “El problema del indio” y “El pro- blema de la tierra” dan cuenta de la Estructura de la so- ciedad peruana, buscan caracterizar su modo de produc- ción. Mientras que los restantes cuatro: “El proceso de la instrucción pública”, “El factor religioso”, “Regionalismo y centralismo”, “El proceso de la literatura”, están dedica- dos a profundizar en los elementos constituyentes de la Superestructura.

El carácter central que el autor otorga al indígena en el proceso de formación económica y social del Perú y

América Latina desde la conquista hasta su época resul- ta destellantemente esclarecedor, sobretodo para aque- llas testas contaminadas por positivismos manualizados o por gradualismos seudoeurocentristas que les gusta jugar a la política de salón, la de mantel largo. Aquella que acá en Chile es de gusto de los nietos de Aylwin: La política de contención de masas... en la medida de lo posible.

Debido a nuestra historia de permanente invasión, con- quista y sometimiento (antes con armas y a caballo, ahorita de cuello y corbata y aplicando su hegemonía) criollo-foráneo que no respeta fronteras nacionales ne- cesariamente, es que resulta que solo a través de un proceso revolucionario de transformación radical -la política para resolver lo deseable, lo necesario- es po- sible de satisfacer las fundamentales necesidades de nuestros pueblos, sobretodo de aquellos que cohabitan en un mismo territorio mallamado nación.

La interpretación sobre su realidad por supuesto que no culmina ahí, busca de modo original y sin pautas la transformación, pretende intervenir en ella, buscando contribuir a la plena realización de un sujeto social histó- ricamente condicionado.

Con Los 7 Ensayos, El Amauta nos propone las bases su- ficientes para la realización de un proyecto político ge- nuinamente latinoamericano, consistente y convincente. Herramienta útil para disputar la hegemonía imperante, proponiendo relaciones sociales

de nuevo tipo, verdaderamente emancipadoras y cohe- rentes con su propia historia. En ese sentido, convicto y confeso, nos muestra como el sometimiento del Indíge- na y la expropiación de la Tierra fueron fundantes para la acumulación de capital y apropiación de la propiedad privada en nuestros territorios, lo que es determinante para comprender la conformación social de su Perú ac- tual.

Es por ello también que se esmeró en defender este patrimonio práxico de los pueblos del mundo, tanto de las desviaciones ideológicas provenientes de la social- democracia y el reformismo, como de los dogmatismos axiomáticos contemporáneos a él y bautizado por Stalin como marxismo-leninismo. Y para que no fuese tan lite- ral su apología, es que acude al belga Henri de Man para dejarlo como estropajo.

Es en la revista Amauta, fundada por él, la que emplea como trinchera y a la vez como laboratorio de traduc- ción y creación iconoclasta del marxismo... Creatividad desatada pero a la vez profundamente conectada con su realidad.

En su N*17, publicado en septiembre de 1928, inicia la publicación de los 16 ensayos que componen su Defen- sa del Marxismo, coincidiendo con la explicitación de dicha revista con respecto a su orientación socialista, lo que también contribuiría meses después a la conforma- ción del Partido Socialista del Perú.

Estas dos grandes obras literarias que les invito a leer, más la caudalosa cascada de ensayos que escribió son aportes nutritivos para la confección de propuestas con- vincentes capaces de persuadir a millones. Material pro- vocador y literatura infaltable para aquellas y aquellos que andan en búsqueda de combustión para encender sus pajarillas.

Mariátegui nos afirma con frescura de época, la vigen- cia y necesidad de un pensamiento revolucionario en- raizado en su praxis histórica, sin pretender ser calco ni copia de nada, tan solo creación heroica que estimule verdaderos procesos de liberación e independencia de nuestros pueblos.

Notas

*El ensayo titulado “Nuestros Indios” de González Pra- da es considerado todo un hito dentro del movimiento indigenista peruano de finales del siglo XIX. El autor en dicho escrito se pregunta si el indio sufre más en la Re- pública que en la Colonia, denuncia la explotación del in- dio al interior de una República que fue construida sin el indio y contra él. En síntesis, para el intelectual peruano el problema del indio es un problema económico.

“Mariátegui, J.C. “Fragmento de una carta a Samuel Glusberg del 10 de enero de 1927”. Texto publicado en “Itinerario y trayectos heréticos de José Carlos Mariá- tegui”. de Fernández, O. (2010). Santiago de Chile. Ed. Quimantú. pp. 214.

“Mariátegui, J.C. “Fragmento de una carta a Samuel Glusberg del 10 de enero de 1927”. Texto publicado en “Itinerario y trayectos heréticos de José Carlos Mariá- tegui”. de Fernández, O. (2010). Santiago de Chile. Ed. Quimantú. pp. 214.

Algunas consideraciones sobre el

fetichismo

Osvaldo Fernández Díaz

El Capital, no es un tratado de economía. Es fundamen- talmente la crítica de la economía política, entendiendo por tal no solo la crítica de la economía política burguesa, sino, principalmente, la crítica del sistema capitalista en su conjunto. Las dos categorías centrales de esta crítica son las de fetichismo y plusvalía. Por eso es preciso leer El Capital en clave de fetichismo y de explotación, sien- do la eliminación del fetichismo la base del desaparec- imiento del modo capitalista de producción.

Porque el fetichismo deforma, invierte y oculta la real naturaleza de las relaciones sociales.

Como tal el fetichismo es un concepto que afecta y es inherente a casi todas las relaciones económicas y socia- les de las sociedades en donde rige el modo capitalista de producción. De esta manera lo que empieza como el fetichismo de la mercancía, está presente también en el dinero y culmina en el concepto de capital.

|, Antecedentes del fenómeno ideológico en la obra de Marx.

1. El complejo fenómeno ideológico que falsea las rela- ciones sociales de la sociedad captalista, está presente en Marx desde sus escritos más tempranos. Heredados de Hegel, vía Feuerbach, los conceptos de alienación y reificación (o cosificación) se incorporan al discurso críti- co de Marx y no lo abandonan, incorporándose a la críti- ca de la economía política que éste pone en obra en El Capital.

2. Por eso se puede afirmar que el examen del fenómeno fetichista, que se expone en El Capital, venía preparado por los conceptos de alienación, reificación, e ideología en general, que aparecen en las obras tempranas de Marx, tales como los Manuscritos económico-filosóficos de 1844 en La Ideología alemana de 1845, y en las Tesis sobre Feuerbach.

3. En los cinco cuadernos donde Marx fue consignan- do sus primeras lecturas acerca de la economía políti- ca, y que en 1931 se publicaron como los Manuscritos

económicos y filosóficos de 1844, se confronta ya con la “fórmula trinitaria” y la crítica de la economía política se despliega mediante el concepto de trabajo enajena- do, que desbarata la armonía que los economistas pre- tendían ilustrar mediante esta fórmula que habla de un equilibrio armónico de la sociedad burguesa. Según esta idea las tres clases que distingue la Economía política, los capitalistas, los terratenientes y los trabajadores, po- seen una fuente de riqueza (respectivamente el capital, la tierra y el trabajo). Estas fuentes les proporcionan, a su vez a los capitalistas su ganancia, a los terratenientes la renta del suelo y a los trabajadores su salario.

4. En un desarrollo tripartito del concepto de trabajo enajenado, aparece el concepto de alienación. Que es la pérdida de mismo que el obrero experimenta en el proceso del trabajo, y la reificación, cuando el producto de su trabajo se alza como un poder frente al trabajador. Hay en estos conceptos un fuerte acento ético y de de- nuncia de la sociedad capitalista.

5. En La ideología alemana, Marx utiliza y desarrolla el concepto de ideología para calificar el pensamiento de los filósofos neo-hegelianos, pero también explora los vínculos que existen entre la presencia de la ideología en la conciencia común, y el poder de la clase dominante, hasta llegar a la proposición de que la ideología que se impone, será siempre la ideología de la clase dominante

6. Estos conceptos de alienación y reificación, vuelven a aparecer en los intersticios del proceso de fetichización tal como es expuesto en El Capital. Por ejemplo, la rei- ficación alude al hecho que en el capitalismo, lo que es una relación entre personas se presente, y adquiera la dureza de una relación entre cosas.

7. O cuando Marx aclara que sólo la costumbre de la vida cotidiana hace posible la banalidad de esta mistifi- cación, aludiendo a los efectos ideológicos del fetichis- mo tanto en la conciencia común, como en la mente de los economistas.

8. De modo que este sesgo crítico ético que el examen del fenómeno del fetichismo tiene en El Capital, provi-

ene, como una herencia, de los primeros escritos sobre la economía política de Marx. De ahí que haya que con- siderar que la crítica de la economía política, reitera- damente anunciada por Marx, contiene este sesgo de denuncia ética que está presente en sus escritos tem- pranos. Esta es por lo demás la fuerza y el alto grado de atracción que los Manuscritos del 44 siguen teniendo.

9. En el prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política, que aparece en 1859, Marx junto con diseñar lo que puede ser la estructura de la sociedad cap- italista, a través de la metáfora de un edificio, presenta, dentro de este marco tanto el lugar como la significación de la ideología. La primera referencia a este fenómeno en el prólogo, se hace para señalar el lugar secundar- io, O casi sin importancia determinativa que juegan las “formas ideológicas” en la sociedad. Se está refiriendo a «...las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflic- to y luchan por resolverlo.» Queda, sin embargo abierta la pregunta de por qué esta conciencia de los hombres tiene una representación deformada de la realidad. La respuesta va a proporcionarla en El Capital, con el con- cepto de fetichismo.

10. Antonio Gramsci al analizar este texto en los Cuad- ernos de la cárcel, comienza aceptando la escasa verdad que trasmiten estas formas ideológicas de la conciencia social, pero señalando, al mismo tiempo, que es ésta la única forma como los hombres, « adquieren conciencia del conflicto real y luchan por resolverlo».

Con lo cual invita a reexaminarlas desde esta otra per- spectiva que lejos de minimizar las formas ideológicas las revitaliza relacionándolas como un mismo bloque histórico con las relaciones estructurales.

11. Respondiendo a varias cartas, donde jóvenes intelec- tuales y políticos le planteaban interrogantes acerca de este prólogo a la Contribución, Engels aclara, precisa, e introduce modificaciones a este texto, las cuales pre- cisan el papel y la significación de las superestructuras. En primer lugar mediante la fórmula de que la base mate- rial determina “sólo en última instancia”, lo cual abre una reciprocidad causal, una cierta posibilidad de reversión, otorgándole a las formas ideológicas de la conciencia so- cial, la posibilidad de influir también en la base material. De esta manera restablece nexos, tanto entre ellas como de la manera que pueden influir sobre la base.

II. Cómo y por qué el fenómeno del fetichismo aparece sólo en El Capital.

12. En el Capital, el tema del fetichismo se abre con el apartado cuarto del primer capítulo destinado a la mer- cancía, que habla del “carácter fetiche de la mercancía y su secreto”. En el tercer tomo aparece en la sección séptima sobre “las rentas y sus fuentes”, en el capítulo 48 que Marx destina a “La fórmula trinitaria”.

13. El fetichismo forma parte de la crítica a la economía política, a) tanto por la forma como estas categorías apa- recen a la superficie de la sociedad falseando todas las relaciones sociales y humanas, como b) por la manera

como la economía política la trata.

14. En el capítulo que Marx destina a la fórmula trinitar- ia, hablando del comportamiento teórico de los econo- mistas vulgares, Marx dice lo siguiente:

«En verdad, la economía vulgar, no hace más que in- terpretar, sistematizar y defender de manera doctrinal las ideas del agente del capital que está sometido a las relaciones de producción burguesas. Nada asombroso, entonces, que ella se sienta perfectamente cómoda en- tre las formas alienadas del sistema, con sus absurdos y sus contradicciones; pues toda ciencia sería superflua si la apariencia de las cosas coincidieran directamente con su esencia.» De esta proposición se desprenden varias consideraciones:

a) En primer lugar, que el fetichismo es un fenómeno estructural ligado al proceso de reproducción del siste- ma capitalista. En efecto, mientras más oculta esa rel- ación interna, más natural y evidente se hace su fetichis- mo.

b) Luego, captar la fuerza del impacto reificador sobre las relaciones sociales, supone el concurso y la intervención de la ciencia contenida en la crítica de la economía políti- ca. Marx propone para ello un método que comienza su recorrido yendo de lo concreto a lo abstracto para luego de terminado este primer recorrido reanudarlo desde lo abstracto a lo concreto; hacia otro concreto, que llama “concreto de pensamiento”. Este proceso presupone el despeje de todas las capas ideológicas que encubren las relaciones económicas reales. Este proceso está desar- rollado en El Capital.

15. El fetichismo, no es un accidente, o algo transitorio, de la mercancía o de otra categoría. Es, al contrario, un aspecto constitutivo y concomitante a la reproducción del sistema capitalista, y como tal está presente y es in- herente a todas sus categorías centrales. Es una defor- mación de base que constituye y acompaña la génesis de las categorías económicas, particularmente a las cat- egorías de mercancía, dinero y capital.

Marx define este fenómeno como una inversión del pro- ceso productivo, que acaece desde que todo el proceso productivo comienza a regirse por el mercado.

16. El fetichismo es un proceso de inversión y de suplantación a la vez, en donde las relaciones sociales de producción, que suponen una relación básica de per- sonas es trastrocada por una relación entre cosas. De tal manera que aquello que en la base constitutiva de las categorías era una relación entre productores aparece como ahora como una relación entre aquellas cosas que

son sus productos.

17. Mientras más se desarrolla el capitalismo, mas au- menta la forma como sus categorías ocultan la realidad de las relaciones sociales, El fetichismo es, entonces, el resultado de un proceso creciente de ocultamiento.

18. El análisis del proceso del fetichismo es un discur- so paralelo en El Capital, a la exposición del proceso de reproducción del sistema capitalista. Ya la elección de la categoría con que comienza el modo de la exposición, involucra al fetichismo. La mercancía lo supone. ¿Por qué se parte con la mercancía? Porque la mercancía es a la vez premisa y resultado. Todo en esta sociedad es mercancía. Y esta categoría que aparece en nuestra so- ciedad como algo que va de suyo, algo banal y cotidiano alberga desde su aparición un carácter profundamente negativo que va a hacer del hombre, del productor, de la fuerza de trabajo una mercancía, y por lo tanto, una cosa. El proceso de la producción capitalista comienza, con la mercancía y culmina con ella. Al comienzo y al fi- nal hay una inmensa acumulación de mercancías.

Estas referencias intentan presentar el fenómeno del fe- tichismo en toda su complejidad. De partida, más que de alienación, o de ideología, el Capital nos habla de una inversión de las “relaciones sociales entre las personas” en una “relación social entre las cosas”. Pero desde ya la misma descripción del proceso introduce la reificación dentro de su contenido.

El texto orienta la mirada hacia un proceso previo, origi- nario, y determinante de inversión, que expresado en el lenguaje todavía sin pasión del movimiento de las rela- ciones de producción, señala un cambio de estructura, una modificación en la disposición de los elementos, cuya forma es lo primero a examinar si queremos medir después, desde el punto de vista de los contenidos, el impacto que este proceso, que Marx define como fe- tichismo y que está presente en todas aquellas socie- dades en donde rige el modo capitalista de producción. Este proceso de inversión es, hasta tal punto constitu- tivo de las categorías económicas capitalistas, que se puede llegar a decir, que la forma económica se consti- tuye en cuanto tal, y por lo tanto, pasa a ser una cate- goría económica relevante del punto de vista capitalista, sólo en cuanto contiene esta inversión. Pero contiguo a este proceso de inversión se origina un proceso de ocultamiento. En efecto, la relación no sólo invierte su verdadero contexto sino que oculta su sentido real. No se presenta tal como es ante la conciencia de los indi- viduos. No anuncia su color, sino que por el contrario avanza enmascarada. Así aparece como algo de suyo ba- nal y cotidiano, el papel privilegiado que la cosa asume en esta relación; como una representación corriente, del

tipo de aquéllas que dan base y sustento a las ideas más asentadas y sólidas del sentido común; como un dato siempre a la mano, fijo, inmóvil, del cual se parte, o al cual se toma como seguro punto de partida. Esta es la tenebrosa apariencia de la cotidianidad en nuestra so- ciedad.

Su fuerza proviene precisamente del hecho que se pre- senta como algo obvio. De ahí también la forma sólida y concreta que esta figura reificada asume para la con- ciencia habitual. Es por eso que a este nivel, la imagen corriente, natural, no sólo aparece como lo concreto sino que funciona como tal. No basta que se conozca su esencia para que el efecto que provoca desaparezca.

Desde que Marx dice que la mercancía singular es “la forma elemental” de la riqueza de las sociedades donde impera el modo de producción capitalista, y que su in- vestigación comienza por el análisis de la mercancía”; el fetichismo ya ha ocupado un lugar dentro de la casa, como una relación de las personas, bajo la apariencia de una relación entre cosas. Pese a la solidez de las formas que va asumiendo el proceso del fetichismo, a medida de su desarrollo, se revela como un enmascaramiento,

que se acrecienta desde el carácter incipiente que tiene en el caso de la mercancía, hasta las formas obnubilantes que asume cuando se trata de categorías más complejas como lo son las de dinero y capital.

Esto señala, por otra parte, el carácter plenamente cap- italista del fenómeno del fetichismo, pues, aunque su perfección sólo pueda alcanzarse en las formas más el- evadas, ya está presente en la elemental mercancía, que desde un comienzo, en el modo capitalista de produc- ción surge como una categoría cabal y plenamente bur- guesa, con toda la negatividad y la fuerza de una cosa.

Esta mistificación constituye, entonces, un proceso paralelo al desarrollo de las relaciones capitalistas de producción, cuya cosificación y el efecto fetichista que proviene de dicha cosificación, invade la totalidad del mundo en que vivimos, contamina todas las relaciones humanas y sociales, y seguirá estando presente, mien- tras haya capitalismo, y sigan circulando las mercancías, el dinero y los capitales.

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